Ayer vivimos una jornada empresarial que superó con creces las expectativas. La segunda edición de La Sagra Conecta Empresas no solo fue un punto de encuentro entre profesionales, sino un auténtico motor de conexiones, oportunidades y nuevas sinergias.
Más allá de las cifras, lo que realmente marca la diferencia son los resultados. Las reuniones mantenidas, los contactos generados y los proyectos que empiezan a tomar forma a raíz de este encuentro son el verdadero termómetro del éxito.
Me quedo con las reuniones tú a tú, donde grandes compañías —algunas con miles de empleados y presencia nacional o internacional— se sentaron cara a cara con pequeños empresarios, incluso con quienes algunos podrían considerar “empresarios cutres”, dicho con todo el cariño y la sinceridad del que sabe lo que cuesta levantar un negocio desde abajo. Y lo hicieron con respeto, con interés genuino y con una actitud ejemplar. Porque aquí, lo que se valoró fue la iniciativa, las ganas y el potencial, no el tamaño de la empresa.
El resultado: 19 grandes empresas y más de 100 pequeñas, reunidas sin descanso durante toda la mañana, generando una energía que pocas veces se vive en un evento de este tipo. Fue, sin duda, una experiencia profesional única.
Dicen que se celebraron más de 500 reuniones formales, pero lo más valioso quizá fueron los miles de contactos espontáneos. Nos encontramos con viejos conocidos, conocimos a gente nueva, y surgieron recomendaciones cara a cara, de esas que solo pasan en espacios auténticos. Porque esa es precisamente la esencia de este “Conecta”: no solo los encuentros programados, sino esas pequeñas conversaciones entre stand y stand, esos “oye, tienes que hablar con…” que abren puertas inesperadas.
Aunque parezca increíble, incluso tras 55 años en Illescas con nuestra papelería, seguimos conociendo personas de la zona que no sabían de nosotros. Y ese descubrimiento mutuo es, precisamente, lo que hace especial un evento así. Porque siempre hay conexiones nuevas por hacer, y gente maravillosa por descubrir.
Además, esto no va solo de negocios. Es una forma real y tangible de crear tejido empresarial sano. Porque, ¿para qué hacer negocios con desconocidos lejanos si podemos hacerlos con nuestros propios vecinos? Con gente de la zona, que entiende nuestro contexto, que comparte nuestros retos, y cuyos beneficios revierten directamente en nuestra comunidad más cercana. Esa es la verdadera fuerza de lo local.
Lo que empezó como una idea un poco loca de cuatro empresarios de Illescas, hoy se ha consolidado como un evento con alma, con propósito, y con una esencia propia. Lo hemos conseguido gracias al trabajo en equipo, a la colaboración sincera y al apoyo de mucha gente que creyó en esta propuesta desde el principio. El reconocimiento que hemos recibido, tanto durante el evento como en esas felicitaciones espontáneas entre pasillos, confirma que vamos por buen camino.

Este evento ha sido la confirmación de que cuando se crea un entorno adecuado, la colaboración fluye de manera natural. No se trató solo de intercambiar tarjetas, sino de compartir inquietudes, retos y visiones de futuro. Y lo más importante: muchos de esos encuentros ya han empezado a transformarse en acciones concretas.

Por eso, no quiero llenar este artículo de fotos sonrientes, posados o imágenes de prensa. Lo verdaderamente importante ya ocurrió: las reuniones reales, los contactos auténticos y el esquema claro de colaboración entre las 19 grandes empresas participantes y más de 100 pequeñas que apostaron por abrirse, escuchar y conectar.
Desde aquí, gracias a todas las personas, empresas y entidades que lo hicisteis posible. Este evento es vuestro tanto como mío. Seguiremos conectando. Seguiremos creciendo